y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
Tal vez usted reconozca estas palabras iniciales: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura”. O tal vez no. [1]
Tal vez reconozca estas otras palabras iniciales: “Todas las familias felices se parecen unas a otras; cada familia infeliz lo es a su propia manera”. O quizá tampoco. [2]
Pero seguramente reconoce estas: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). La mayoría de las personas, aun si no creen en la Biblia, o incluso en Dios, están familiarizadas con esa frase. Richard Dawkins, el ateo más famoso del mundo, reconocería la expresión. También la reconocerían muchos clérigos musulmanes que gobiernan Irán. La mayoría de las personas, desde comunistas hasta hindúes y pueblos indígenas americanos, también la conocen.
Estas son, por supuesto, las primeras palabras de la Biblia. Y, como tales, son unas de las más reconocibles del mundo. La gente conoce esa frase.
La frase en sí señala la Creación, particularmente la creación de nuestra tierra y de la vida en ella, tal como se revela en los dos primeros capítulos de Génesis. Es decir, aunque la Biblia está llena de doctrina, profecía e historia sagrada, comienza con la creación, no con la segunda venida de Jesús; no con la muerte de Jesús en la cruz; no con el Éxodo; ni tampoco con la resurrección, ya sea la de Cristo o la de los santos al final de los tiempos.
Y la Biblia comienza no sólo con la creación, sino con Dios, el Señor, como el Creador, un tema que aparece a lo largo de todas las Escrituras. (Véase Job 12:7-9; Salmo 33:6; Jeremías 10:12; Juan 1:1-3; Hebreos 11:3). Y eso también tiene perfecto sentido, porque sin Dios como Creador, ¿qué podrían significar estas otras doctrinas: la segunda venida, la cruz o la resurrección? Nada. Separadas de Dios como Creador, serían absurdas, mentiras y cuentos de fantasía.
Después de todo, ¿de qué seríamos resucitados en un universo sin Dios? ¿De qué serviría para nosotros la muerte de Cristo en la cruz si Dios no existiera? ¿Qué podría significar la segunda venida si no hubiese un Dios en el cielo? La creación, con el Señor como Creador, es la enseñanza fundamental sobre la cual descansan todas las demás enseñanzas bíblicas.
De hecho, la doctrina de la creación es tan importante, tan crucial, que Dios ordena dedicar una séptima parte de nuestra vida, cada semana y sin excepción, para recordarla; algo que no hace con ninguna otra doctrina porque, nuevamente, ninguna otra enseñanza tiene sentido aparte de la Creación.
Observe el mandamiento del sábado:
“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios… Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).
Junto a mandamientos como “no hurtarás” (v. 15), “no matarás” (v. 13) y “no cometerás adulterio” (v. 14), se encuentra el mandamiento bíblico de “acuérdate del día de reposo”, el sábado del séptimo día, como memorial de la Creación. No es un memorial de la segunda venida, ni de la muerte de Jesús en la cruz, ni de la resurrección. Es, más bien, un memorial de Dios como nuestro Creador, el fundamento de todas las demás doctrinas bíblicas; y el hecho de que esté incluido en los Diez Mandamientos, la ley moral de Dios, demuestra cuán importante es.
Recordar la Creación es tan importante que el sábado del séptimo día, el memorial de la creación, viene hasta nosotros. No es como una colina sagrada, una ciudad santa o un santuario al que tengamos que ir. Cada semana, a aproximadamente mil millas por hora (esa es la velocidad a la que la Tierra gira sobre su eje), el “monumento” de 24 horas del Señor a la creación de la Tierra se mueve sobre la faz del planeta hasta llegar a cada uno de nosotros, sin importar dónde estemos.
Living Earth, una aplicación diseñada para dispositivos Apple, muestra una imagen satelital en tiempo real del planeta. Usted escribe el nombre de una ciudad y aparece ese lado de la Tierra. El viernes por la noche, puede escribir dónde se encuentra y observar cómo se aproxima el sábado. Es decir, puede ver llegar la noche y, finalmente, alcanzar el lugar donde usted está. Aunque, por supuesto, parece una noche como cualquier otra, sabemos por la Palabra de Dios que el séptimo día es especial: el memorial de Dios de Sus actos sobrenaturales al crear nuestro mundo y la vida en él.
A diferencia de los otros mandamientos, éste comienza con el verbo “acuérdate”, algo que no se usa en ningún otro. Acuérdate, no hurtarás. Acuérdate, no matarás. La Escritura no se expresa de esa manera, ¿verdad? No; el verbo “acuérdate” se utiliza únicamente con el mandamiento del sábado, lo cual ayuda a destacar cuán especial debe ser.
Y ciertamente lo es. Al recordar el sábado, recordamos quiénes somos realmente: seres hechos a la imagen de Dios. Como confirma Génesis 1:27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó”. Qué marcado contraste con la teoría moderna de la evolución, que en cambio afirma que fuimos hechos a imagen de los simios.
El autor famoso Stephen Kingescribiá: “Una muy buena primera línea puede hacer muchísimo para establecer ese crucial sentido de voz… Hay un poder increíble en ella”. [3] Así que, tal vez usted reconozca estas palabras iniciales: “Háblame, Musa, de aquel hombre de muchos senderos, que anduvo errante muchísimo tiempo”. [4] O quizá no.
Estas famosas primeras frases son cada una una puerta de entrada a lo que el mundo considera las historias de amor más épicas de nuestro tiempo: devoción no correspondida, infidelidad trágica, liberación heroica. Pero sólo una primera frase se eleva por encima de todas las demás y es, a diferencia de las otras, verdad absoluta. Es ésta: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, una invitación al amor más hermoso de todos: el amor que Dios tiene por Su creación, por usted.
El sábado es un recordatorio semanal del amor supremo de Dios hacia usted. Usted es Su amado, creado a Su propia imagen y, mediante la muerte de Su Hijo Jesucristo, recreado para la eternidad.
Para aprender más acerca de este amor en acción, observe la comprensión bíblica de este concepto común: “Amar a Dios y a mi prójimo es todo lo que se requiere de mí”.
[1] Historia De Dos Ciudades, de Charles Dickens.
Goodreads — It was the best of times...
[2] Ana Karénina, de León Tolstói.
Goodreads — All happy families are alike...
[3] Invaluable — First and Last Lines of Iconic Books
[4] La Odisea, de Homero.
SparkNotes — The Odyssey Quotes