y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
Uno de los zares de Rusia, mientras paseaba un día por su parque, se encontró con un guardia que estaba allí frente a un lugar lleno de maleza. El zar le preguntó qué hacía en ese sitio. El guardia no lo sabía. Solo pudo decir que había sido asignado a ese puesto por el capitán de la guardia. Entonces el zar envió a su ayudante para preguntar al capitán. Pero el capitán solo pudo responder que el reglamento exigía un guardia en ese lugar específico.
La curiosidad del zar fue despertada, y ordenó una investigación. Sin embargo, ningún hombre vivo en la corte podía recordar un tiempo en que no hubiera habido un guardia en ese lugar, ni tampoco podían decir por qué estaba allí o qué cuidaba.
Finalmente, se abrieron los archivos y, tras una larga búsqueda, el misterio fue resuelto. Los registros mostraron que, en ese lugar, Catalina la Grande había plantado en una ocasión un rosal, y se había colocado allí un guardia para asegurarse de que nadie pisara el rosal. El rosal murió, pero nadie pensó en cancelar la orden. Así, durante muchos años, aquel lugar donde alguna vez estuvo el rosal fue vigilado por hombres que no sabían qué estaban vigilando.
Se convirtió en una tradición. Realmente no sabían por qué estaban allí. Simplemente estaban allí.
¿Sabe usted que hoy existen muchos maestros religiosos que están defendiendo doctrinas y prácticas cuyo origen desconocen, y que ciertamente no están basadas en las Escrituras? Simplemente una tradición. Creen estar protegiendo alguna verdad sagrada, cuando en realidad están cuidando un error.
Esto nos conduce a nuestro primer texto de hoy, que se encuentra en Mateo 15:13: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada” (RV60). Es decir, toda doctrina y práctica religiosa que no esté basada en las Sagradas Escrituras, finalmente será eliminada. Y si usted desea estar entre los vencedores al final del tiempo, fundamente su fe en las doctrinas y prácticas que Dios mismo ha establecido.
¿Cómo podemos conocer la verdad? Solo hay un camino: estudiar cuidadosamente este libro que Dios nos ha dado. Cuando se trata de algo tan importante como la salvación, ningún cristiano debería depender de las palabras de otro hombre. No seguirá la tradición, sino que estudiará con diligencia lo que Dios tiene que decirle por medio de la Biblia.
Hoy presentamos el texto bíblico que el hombre ha olvidado: el texto que Dios dijo que se recordara. En Éxodo 20 encontramos los diez preceptos divinos de nuestro Creador. Estos Diez Mandamientos regulan la relación del ser humano con Dios y con sus semejantes.
No parece haber dificultad en entender el primer mandamiento, que dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”; ni el segundo o el tercero, que nos recuerdan no tomar el nombre de Jehová nuestro Dios en vano; ni el quinto, que nos indica honrar a nuestro padre y a nuestra madre; el sexto, que nos recuerda no matar; el séptimo, no cometer adulterio; el octavo, no hurtar; el noveno, no dar falso testimonio; o el décimo, no codiciar. Todos los cristianos reconocen la necesidad de vivir conforme a los principios de estos mandamientos divinos. Todos tienen la misma importancia.
En Santiago 2:10-12 leemos: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (RV60).
Por lo tanto, todos estos Diez Mandamientos son igualmente importantes. Tengamos presente que son inmutables, no pueden ser cambiados ni modificados. En Malaquías 3:6 se nos dice: “Porque yo Jehová no cambio” (RV60). Y en Salmos 89:34 leemos: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (RV60).
Si el mismo Señor declara que su ley no cambia, que Él no la modifica, entonces nosotros, como seres humanos, no debemos alterar esta ley divina que gobierna su reino. De hecho, el Señor nos ordena en Deuteronomio 4:2: “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (RV60).
Entre los Diez Mandamientos encontramos el texto bíblico olvidado, precisamente aquel que Dios pidió recordar. Observe nuevamente Éxodo 20, versículos 8 al 11: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (RV60).
Note que este mandamiento comienza con la palabra “acuérdate”; es decir, “no olvides este”. ¿Podría ser que el Señor sabía que, de sus diez preceptos divinos, este sería el más olvidado por muchos? Por eso dijo: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”.
Aquí el Señor deja claramente establecido cuál es el día que hizo santo como día de reposo. Observe los versículos 10 y 11, donde dice: “Mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios… reposó el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (RV60).
De modo que, al recordar el día de reposo para santificarlo, también debemos recordar cuál fue el día que el Señor apartó como santo. Ese fue el séptimo día de la semana, o sábado, como se conoce hoy.
Observe además que este mandamiento del sábado, junto con los demás, fue dado por medio de Moisés en forma escrita unos dos mil años después de la creación. Sin embargo, el sábado mismo se remonta a la creación. En Génesis 2:1-3 leemos: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó” (RV60).
Algunos piensan que la enseñanza del sábado como día de reposo es algo nuevo, pero en realidad es la institución más antigua conocida por el ser humano, ya que se remonta a la misma semana de la creación, al igual que la institución del matrimonio.
También es importante notar que el sábado no es un día exclusivamente judío, pues fue establecido dos mil años antes de que existiera un judío. De hecho, Jesús dijo en Marcos 2:27: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre” (RV60), no solo para el judío, sino para toda la humanidad.
Ahora bien, ¿cuál es el propósito del sábado? ¿Por qué fue dado desde el principio? “Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó” (Éxodo 31:17, RV60).
Aquí entendemos que el sábado, si es guardado por los creyentes, es una señal de que reconocen que fue Dios quien creó el mundo en seis días y reposó el séptimo. En Éxodo 20:11 se da la misma razón: “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (RV60).
El sábado, entonces, se convierte en un recordatorio de la creación, una señal o símbolo del gran poder creador de Dios. La bandera de los Estados Unidos, con sus colores rojo, blanco y azul, representa hoy a esa gran nación. Es, sin duda, un privilegio para todo ciudadano leal saludarla y mostrarle respeto. Ninguno de nosotros se quedaría indiferente al verla arrastrada por el suelo. ¿Permitiremos entonces, como cristianos, que el símbolo del gobierno eterno de Dios sea apartado y rebajado por las tradiciones humanas?
Jesús es nuestro ejemplo en todo. Por eso, también en este tema seguiremos su ejemplo, pues Jesús guardaba el sábado. “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer” (Lucas 4:16, RV60). Sí, era la costumbre, la práctica de Jesús, observar el santo sábado.
En Juan 15:10, Jesús declaró: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre” (RV60). Y en Mateo 15:9 dijo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (RV60). El sábado, el séptimo día, sigue siendo hoy un mandamiento de Dios. El primer día de la semana, o la observancia del domingo, se basa únicamente en tradiciones humanas.
Muchos cristianos hoy creen que debe existir alguna buena razón por la cual la observancia del domingo reemplazó la del sábado; alguna razón por la cual se guarda el primer día de la semana en lugar del sábado bíblico. Sin embargo, la Biblia no menciona ningún cambio de este tipo.
¿Guardaban el sábado los apóstoles? Los seguidores de Jesús, después de ver su cuerpo en el sepulcro, “vueltos, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento” (Lucas 23:56, RV60). No existe en el Nuevo Testamento ningún registro que indique que los discípulos o seguidores de Jesús hayan considerado otro día como el santo día de reposo del Señor.
En el libro de Hechos encontramos repetidas referencias al sábado mucho tiempo después de la resurrección de Jesús. En Hechos 13:14 leemos: “Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron” (RV60). En el versículo 42: “Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas” (RV60). Y en el versículo 44: “El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios” (RV60).
A medida que Pablo continuó sus viajes misioneros, siguió guardando el sábado, el séptimo día. En Hechos 16:13 leemos: “Un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido” (RV60). También en Hechos 17:2: “Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras” (RV60).
Sí, era la costumbre de Pablo, como lo fue de Cristo, observar el mandamiento del sábado. “Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos” (en la ciudad de Corinto), Hechos 18:4 (RV60). Permaneció allí un año y seis meses (versículo 11), y cada sábado se encontraba con la gente enseñando en la congregación.
El apóstol Pablo, como él mismo lo declara en Hechos 24:14, “creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas” (RV60), guardaba este mandamiento. Fue él quien enseñó que guardar la ley —santa, justa y buena— no es un medio de salvación, sino el resultado de la salvación; una evidencia de que el amor de Cristo ha entrado en el corazón.
Como alguien que amaba a su Señor, Pablo, al igual que los demás apóstoles, continuó siguiendo el ejemplo de Jesús en obediencia a los mandamientos de Dios. No existe ningún texto en la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, que indique que un nuevo día de reposo haya reemplazado al anterior. De hecho, en todo el Nuevo Testamento hay solo ocho textos que mencionan el primer día de la semana. Si realmente hubiera ocurrido un cambio del séptimo al primer día, tendría que estar claramente indicado en alguno de esos pasajes.
Entonces, ¿por qué muchos guardan el domingo? Porque así se les enseñó; porque sus padres lo hacían, y quizás sus abuelos también; porque pensaron que debía estar en la Biblia; porque creyeron que debía existir alguna buena razón para ello. Pero al examinar el domingo a la luz de la verdad bíblica, encontramos que no se sostiene, al igual que otras enseñanzas tradicionales que entraron en la iglesia durante la Edad Media.
Sin embargo, en estos últimos tiempos, en cumplimiento de la profecía bíblica, el verdadero día de reposo será nuevamente reconocido como parte de un gran movimiento de reforma que tendrá lugar antes del regreso de Jesús.
En Isaías 58:12, 13 se nos habla de la gran reforma que incluye la restauración del verdadero día de reposo: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras” (RV60).
A quienes aceptan este avivamiento final del verdadero día de reposo, se les da la promesa del versículo 14: “Entonces te deleitarás en Jehová” (RV60). Cuán especial llega a ser ese día cuando el verdadero sábado, el séptimo día de la semana, es nuevamente aceptado y honrado como el día santo del Señor.
La Biblia también enseña que el día de reposo será guardado en el cielo. “Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová” (Isaías 66:22, 23, RV60).
¡Qué privilegio será reunirnos en el reino de gloria, cada sábado, para adorar a nuestro Creador y Salvador!
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La Tradición del Domingo, Sermón Radiales de Joe Crews