y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
Si no estamos obligados a hacer lo que la ley exige literalmente, entonces ¿podríamos literalmente matar, robar y cometer adulterio? Ese no puede ser el significado de las frecuentes alusiones de Pablo a la letra y al espíritu. La forma y el espíritu de la ley se sostienen mutuamente. No podemos quebrantar la ley literalmente sin quebrantarla espiritualmente.
La religión de los judíos en los días de Cristo y de los apóstoles se había vuelto formal y egoísta. Hacían sus buenas obras para ser vistos por los hombres, no porque amaran a Dios y a su prójimo. Condenaban al transgresor abierto de la ley, mientras ellos hacían cosas peores. Guardaban estrictamente ciertas formas populares de obediencia a la letra de la ley, como la circuncisión, pero Pablo escribió que en realidad estaban transgrediendo la ley (Romanos 2:27-29).
Por medio de sus tradiciones, eran muy estrictos en hacer del sábado un día de descanso para los animales, pero descuidaban dedicarlo a la obra más noble de nuestro Creador, es decir, ser una bendición para sus semejantes. Mandaban a las personas no robar, y sin embargo no dudaban en aprovecharse de otros en sus negocios con gentiles, desacreditando así el nombre de Dios.
De igual manera, hoy algunos son muy estrictos en mantener ciertas formas populares de religión, mientras quebrantan los mandamientos de Dios. Muchos nunca robarían el automóvil de su prójimo, y son muy estrictos en aplicar la letra de la ley contra los ladrones; sin embargo, hacen cosas peores al aprovecharse de su prójimo en un negocio. No cumplen “la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Santiago 2:8), porque “guardan” la ley por motivos egoístas: para no perder su reputación o por temor a las consecuencias.
La observancia del sábado con un corazón sincero corrige esta religión egoísta. Nos ayuda a obedecer el espíritu de la ley, porque no hay manera de guardar el verdadero sentido del sábado solo porque sea popular, por apariencia externa o por obtener alguna ventaja personal sobre otros. La única forma de guardarlo de corazón es por amor desinteresado y respeto hacia el poder creador y redentor de Dios.
¿Se nos pide guardar el espíritu de la ley, pero no la letra? Considere una frase que podría encontrarse en un libro escolar: “Juan pateó la pelota con todas sus fuerzas”. La expresión “con todas sus fuerzas” describe cómo Juan pateó la pelota. ¿Podría patear la pelota con todas sus fuerzas sin patearla? El espíritu de la ley indica cómo se guarda la ley. ¿Podemos guardar el espíritu de la ley sin guardar su letra?