y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
¿No es de común conocimiento que cuando el cristianismo comenzó en el mundo la gente de ese entonces, ambos judíos y griegos, tendrían mucho que decir sobre una doctrina nueva?
Cuando Cristo reprendió al espíritu malo, ordenándole salir del hombre, la gente “estaba muy asombrada, con tanto asombro que se cuestionaban entre ellos mismos diciendo, ¿Qué es esto?, ¿Qué nueva doctrina es esta?” Marcos 1:27. Cuando Pablo vino a Atenas y comenzó a predicar la cristiandad, la gente se preguntaba, “¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?” Hechos 17:19.
Otros varios pasajes pueden ser dados, demostrando que las enseñanzas del cristianismo eran consideradas nuevas y extrañas.
Durante el tiempo de la reforma en el siglo dieciséis. ¿Quién no sabe que las discusiones más comunes entre los reformistas eran sus nuevas enseñanzas? El argumento era sobre la manera que se oponían que estamos considerando: Si lo que ustedes reformistas dicen es verdad, ¿cómo es que estas doctrinas no fueron descubiertas antes?
Pero ¿acaso esas acusaciones contra Cristo, los apóstoles y los reformadores demostraban que sus enseñanzas no provenían de Dios? Cuando Cristo o sus discípulos fueron confrontados con esa acusación, siempre la rechazaron, declarando que no predicaban doctrinas nuevas ni extrañas, sino que, como afirmó Pablo, proclamaban “nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder” (Hechos 26:22, RV60).
Cuando se formuló esta acusación contra los reformadores, ellos procedieron a demostrar, a partir de la Biblia, que las doctrinas que predicaban no eran nuevas, sino antiguas.
Al leer la historia, nos asombramos de esos señalamientos hechos contra Cristo y los reformadores, y nos preguntamos por qué las personas tardaban tanto en discernir verdades que ahora parecen tan evidentes. Sin embargo, el hecho de que hayan tardado tanto no es una objeción contra las doctrinas verdaderas, sino una evidencia de razonamientos humanos defectuosos y de corazones endurecidos.
La doctrina del sábado no es nueva; es tan antigua como la creación. Aunque esta verdad del sábado fue suprimida durante siglos y no resurgió sino hasta tiempos relativamente modernos, nunca ha existido una época en la que un grupo fiel no la haya guardado, muchas veces a riesgo de sus propias vidas. De igual manera, la verdad de la justificación por la fe estuvo casi completamente perdida durante más de mil años y no volvió a resurgir sino hasta el siglo XVI.
¿Por qué más líderes de pensamiento no aceptan esta verdad del sábado? ¿Qué ocurrió con los líderes en los días de Cristo? Fueron las personas comunes quienes escuchaban a Cristo con agrado, y sus discípulos eran gente sencilla, como pescadores. Los líderes de su tiempo procuraban disuadir a otros de aceptarlo preguntando: “¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes o de los fariseos?” (Juan 7:48, RV60).
¿Qué declaró Pablo a los primeros creyentes? “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles” (1 Corintios 1:26, RV60). ¿Y qué sucedía con los líderes en la época de la Reforma? Los dignatarios eclesiásticos dedicaban su tiempo a intentar capturar a Martín Lutero y a otros, para quemarlos.
Es cierto que Dios tiene entre los líderes de pensamiento a muchos corazones sinceros, y que de sus filas finalmente surgirán firmes creyentes en el sábado. Pero aun si ninguno creyera, el séptimo día seguiría siendo el sábado del Señor, porque ningún ser humano tiene autoridad para cambiar los mandamientos de Dios.
Respuestas a las oposiciones, Francis D. Nichols, pg. 253-254