y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
“Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:1–3, RV60).
Según esta Escritura...
1
El momento cuando Dios hizo el sábado fue al final de la semana de la Creación.
2
La manera en que Dios hizo el sábado fue tomando un día —el séptimo día— y reposando en él, bendiciéndolo y santificándolo.
3
El material del cual Él hizo el sábado fue el mismo séptimo día. Él tomó ese día, y de él hizo el sábado. El sábado no fue algo que Él colocó sobre el día. Es el día mismo. “Mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios” (Éxodo 20:10, RV60).
Tampoco se nos ordena “recordar el sábado, para santificarlo”. Más bien, el mandamiento es: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” (Éxodo 20:8, RV60). El sábado no es algo separado del día, que pueda trasladarse y quizás colocarse en otro día. Es el día mismo: el séptimo día.
Con frecuencia escuchamos acerca de una institución sabática. Pero la Biblia nunca habla de una institución sabática. Habla del día de reposo. No existe tal cosa como una institución sabática que fue bendecida y santificada para beneficio de la humanidad aparte del día. Fue el día el que fue bendecido y santificado; y es el día el que así llegó a ser el sábado.
Podemos estar seguros, entonces, de que el día que Dios bendijo nunca puede ser separado del sábado, y el sábado nunca puede ser separado del día que Dios bendijo. Estos no pueden separarse porque son uno. El sábado no puede ser cualquier día de la semana, porque el séptimo día es el sábado, y el sábado es el séptimo día.
El creador del sábado es el mismo creador de la fe cristiana: Jesucristo, el Hijo de Dios. Él es quien trajo el mundo a la existencia, haciéndolo en seis días. Luego reposó el séptimo día, bendijo ese día y lo santificó.
La Escritura dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. ... En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. ... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1–3, 10, 14, RV60).
“El Hijo de su amor ... Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:13, 15–16, RV60).
Jesús también hizo el sábado para toda la raza humana, no para una sola sección o una sola nación. “El día de reposo fue hecho por causa del hombre” (Marcos 2:27, RV60).
Adaptado de The Attempt to Change God's Holy Day From Sabbath to Sunday, de Carlyle B. Haynes (Hagerstown, MD: Review and Herald Publishing Association, 2005), pp. 13–14.
… El sábado se constituyó en un fuerte vínculo que los unía a la vida de toda la gente, y por guardar el santo sábado, ellos no sólo siguieron el ejemplo sino también el mandamiento de Jesús
(Geschichte des Sonntags, pp. 13, 14).