y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
Aunque muchos acontecimientos significativos en la Biblia ocurrieron en días específicos de la semana, no existe un mandato directo de Dios que ordene santificarlos.
Por ejemplo, Jesús murió por nuestros pecados un viernes. Este hecho puede considerarse el más trascendental de la historia, pues marcó el momento en que nuestra sentencia de muerte fue revocada y se aseguró nuestra oportunidad de salvación. Sin embargo, no hay un solo texto bíblico que sugiera que este día deba ser observado como santo.
No obstante, la Biblia sí presenta un memorial de la resurrección, pero no consiste en la observancia del domingo. El apóstol Pablo escribió: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4, RV60).
El bautismo es el recordatorio establecido de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.
Algunos enseñan que los discípulos de Cristo se reunieron en el aposento alto el domingo de la resurrección para celebrarla. Sin embargo, el relato bíblico muestra un cuadro muy distinto. Lucas señala que, al escuchar los testimonios de quienes afirmaban haberlo visto resucitado, ellos “no las creían” (Lucas 24:11, RV60). Por su parte, Marcos registra: “Después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (Marcos 16:12-14, RV60).
Si ninguno de los discípulos en el aposento alto creía que Cristo había resucitado, difícilmente podían estar celebrando con gozo la resurrección. Juan explica la razón de su reunión con estas palabras: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos” (Juan 20:19, RV60).
Es cierto que Jesús resucitó el primer día de la semana, el domingo. Sin duda, fue un momento trascendental y esencial para nuestra salvación. Sin embargo, en la Escritura no se encuentra ningún caso de observancia del domingo. Tampoco existe evidencia bíblica —ni una enseñanza clara ni siquiera una insinuación— de que ese día deba guardarse como santo. El fundamento para la observancia del sábado del séptimo día continúa siendo el mandamiento directo de Dios (Éxodo 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15, RV60).