y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
Este es el pasaje del Antiguo Testamento del cual surge esta pregunta común: “El séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo” (Deuteronomio 5:14, 15, RV60).
La clave para comprender este pasaje en relación con la observancia del sábado se encuentra en las palabras “siervo” y “esclavo”.
Dios dijo: “Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto”. Y en la frase anterior, indicó que debían procurar “que descanse tu siervo y tu sierva como tú”. En otras palabras, su experiencia como esclavos en Egipto debía servirles como recordatorio para tratar con justicia a sus siervos, permitiéndoles también el descanso sabático.
No era inusual que Dios apelara a la liberación de Egipto como una motivación para obedecer otros mandamientos. “Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis… porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto” (Levítico 19:33, 34, RV60). Asimismo, en Deuteronomio 24:17, 18, Dios declara: “No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda… Acuérdate que fuiste siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te mando que hagas esto” (RV60).
Sin embargo, ni el mandato de actuar con justicia ni el de guardar el sábado fueron dados únicamente como un recordatorio del éxodo. Más bien, Dios señaló que su bondad al liberarlos de la esclavitud constituía una razón adicional para que trataran con misericordia a sus siervos y obraran con justicia hacia el extranjero y la viuda.
De manera similar, Dios les habló en Levítico 11:45: “Yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto… Seréis, pues, santos” (RV60). Ciertamente, nadie afirmaría que la santidad no existía antes del Éxodo, ni que después quedaría limitada únicamente al pueblo judío como un recordatorio de su liberación.
Dios deseaba que los israelitas trataran con justicia a sus siervos y a los demás. Al pedirles que guardaran el sábado, aseguraba descanso para sus siervos y, al mismo tiempo, les recordaba su experiencia como esclavos. También quiso que el sábado sirviera como memoria de su redención de la esclavitud en Egipto. Esa liberación representa, a su vez, la redención del ser humano de la esclavitud del pecado, lo cual constituye una razón significativa para observar el sábado.
Sin embargo, la Biblia deja en claro que el sábado es más que un recordatorio de redención, tanto física como espiritual. El relato de su institución en la creación (Génesis 2:1-3, RV60) y la formulación del cuarto mandamiento (Éxodo 20:11, RV60) lo presentan como un memorial de la creación. Y un memorial de la creación se extiende a toda la humanidad que procede de ella.
En efecto, el sábado es mucho más que un simple recordatorio de la liberación de Israel de Egipto.