y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
Algunos sostienen que, debido a diversos cambios en el calendario y otros factores, no es posible identificar con precisión el verdadero séptimo día de la semana. Sin embargo, esto no es correcto. A continuación, se presentan cuatro evidencias que ayudan a reconocer el verdadero sábado en la actualidad:
1. El sexto día, el séptimo día, el primer día…
Según la Escritura, Cristo murió el viernes, el sexto día de la semana, y resucitó el domingo, el primer día. Prácticamente todas las iglesias reconocen este hecho al conmemorar el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. A continuación, la evidencia bíblica:
“Este fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo” (Lucas 23:52-54, RV60). Este pasaje muestra con claridad que Jesús murió el día inmediatamente anterior al sábado. Se le llamaba “día de preparación” porque era el tiempo destinado a alistarse para el sábado.
Observemos ahora los versículos siguientes: “Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento” (vv. 55, 56, RV60). Nótese que las mujeres reposaron durante el sábado “conforme al mandamiento”. El mandamiento dice: “el séptimo día es reposo” (Éxodo 20:10, RV60), por lo que entendemos que estaban observando el séptimo día (sábado).
El versículo siguiente declara: “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado; y hallaron removida la piedra del sepulcro” (Lucas 24:1, 2, RV60).
De este modo, estos tres días consecutivos quedan claramente identificados: Jesús murió el viernes, el día de preparación, el sexto día de la semana. Reposó en la tumba el sábado, el día de reposo, el séptimo día, “conforme al mandamiento”. Y luego resucitó el domingo, el primer día de la semana.
Quien puede ubicar el Viernes Santo o el Domingo de Resurrección no tendrá dificultad en reconocer el verdadero sábado, que se encuentra precisamente entre ambos.
2. Los cambios en el calendario no alteraron el séptimo día
Algunos sugieren que una modificación del calendario realizada por el papa Gregorio XIII provocó confusión en los días de la semana y que, por lo tanto, hoy no es posible identificar el verdadero séptimo día. Es cierto que en 1582 se introdujo un cambio en el calendario (de ahí que el calendario actual se denomine gregoriano). Sin embargo, esta reforma no afectó el ciclo semanal.
¿Qué fue lo que hizo exactamente Gregorio XIII? Antes de 1582 estaba en uso el calendario juliano, establecido por Julio César alrededor del año 46 a.C. Este calendario calculaba la duración del año en 365 días y un cuarto, cuando en realidad es aproximadamente once minutos menor. Esa diferencia se acumuló con el tiempo, y para 1582 el calendario tenía un desfase de diez días respecto al ciclo solar. Para corregirlo, se eliminaron esos diez días del calendario. Así, al jueves 4 de octubre de 1582 le siguió el viernes 15 de octubre, en lugar del 5, ajustando nuevamente el calendario con el movimiento de los astros.
¿Significó esto que se alteraron los días de la semana? No. El viernes continuó después del jueves, y el sábado después del viernes. El séptimo día permaneció intacto, y el ciclo semanal no se vio interrumpido. Por lo tanto, al guardar el sábado, se puede tener la certeza de que corresponde al mismo séptimo día que Jesús observaba —como era su costumbre cada semana— según Lucas 4:16 (RV60).
3. El séptimo día es identificado como día de reposo en muchos idiomas
En numerosos idiomas alrededor del mundo, la palabra utilizada para “sábado” es, en realidad, la misma que designa el “día de reposo”. En las naciones de habla inglesa, como Estados Unidos, este día se conoce como Saturday. Sin embargo, en español se denomina “sábado”, término que proviene directamente de “Sabbath” (sábado, día de reposo).
Esto indica que, desde tiempos muy antiguos, cuando estos idiomas se formaron, el séptimo día de la semana —el sábado— ya era reconocido como el día de reposo. Por ello, ese significado quedó incorporado en el propio nombre del día.
4. El pueblo judío ha guardado el séptimo día durante milenios
Otra evidencia interesante es la práctica histórica del pueblo judío, uno de los grupos étnicos y religiosos más antiguos del mundo, lo que contribuye a identificar con precisión el séptimo día. Los judíos han observado el sábado como día de reposo desde tiempos antiguos, remontándose a la época de Abraham, y continúan haciéndolo en la actualidad. Se trata de toda una nación —millones de personas— que ha llevado un conteo constante del tiempo, semana tras semana, a lo largo de miles de años. ¿Podrían haberse equivocado en ese registro? Resulta poco probable. La única forma en que habrían perdido un día completo sería que toda la nación hubiese dormido durante 24 horas adicionales sin que nadie lo advirtiera después.
No ha habido cambio ni pérdida del día de reposo desde que Dios lo estableció en Génesis. El origen de la semana se encuentra en el relato de la creación, y no existe una razón astronómica que determine que el tiempo deba medirse en ciclos de siete días. El sábado del séptimo día es parte del diseño intencional de Dios y ha sido preservado de manera providencial a lo largo del tiempo; y continuará siendo preservado y observado por la eternidad:
“Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová” (Isaías 66:22, 23, RV60).