y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31
Que debemos amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos no está en discusión. Sin embargo, la pregunta es: ¿cómo se manifiesta ese amor hacia Dios y hacia el prójimo?
El apóstol Juan escribe: “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:2, 3).
De modo que, si alguien profesa amar a Dios pero se niega a obedecerle, según las Escrituras no está siendo sincero.
Considere el caso de un padre con dos hijos. El primero se acerca y le dice: “Papá, te amo, pero no puedo obedecerte”. Más tarde, el segundo hijo le dice: “Papá, te amo, y procuraré obedecerte”.
¿Cuál de los dos ama realmente a su padre? La mayoría estaría de acuerdo en que el que está dispuesto a obedecer demuestra un amor genuino.
De la misma manera mostramos nuestro amor a Dios. Al guardar los primeros cuatro mandamientos, que se refieren al amor hacia Dios, evidenciamos que nuestra suprema lealtad pertenece a nuestro Creador. Al guardar los últimos seis, que se relacionan con el amor al prójimo, también se manifiesta claramente la autenticidad de nuestro amor hacia Dios.
Por cierto, ¿qué quiso decir Jesús cuando dijo: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”? ¿Cómo llega uno realmente a “conocer” al Señor?